Aquí no se reseña, aquí se habla de libros. Y punto pelota.

A lo largo de los años he tenido más de un rifirrafe online a propósito de «quien nos creemos que somos los reseñadores». Yo suelo mirar para todos los lados, para saber a quién le dicen, porque lo que es a mí no. Aquí esta mi «acusatio manifiesta», un texto originalmente escrito en agosto de 2016 para El Vals de la Araña que no se llegó a publicar.

Reseña.

  1. f. Narración sucinta.
  2. f. Noticia y examen de una obra literaria o científica.
  3. f. Revista que se hace de la tropa.
  4. f. Nota que se toma de los rasgos distintivos de alguien o algo para su identificación.
  5. f. p. us. Señal que anuncia o da a entender algo.

Reseñar.

  1. tr. Hacer una reseña.

Reseñador, ra. RESEÑISTA NO EXISTE (qué le vamos a hacer…)

  1. m. y f. Persona que hace una reseña (noticia y examen de una obra).
  2. m. y f.. Persona que hace una reseña (nota de los rasgos distintivos de alguien o algo).

Esto dice la RAE, pero la RAE dice muchas cosas —algunas muy rarunas— y ese melón algún día lo abriré, pero como se le dice al dios de la muerte: «not today». El caso es que a cuenta de lo sencillo y barato que resulta hoy en día hacerse con un bloguito, o con una cuenta en Goodreads o cualquier otra red social, se ha creado un espacio de opinión pública alrededor de los libros (y de cualquier otra cosa, de hecho) que antes no existía. Proliferan las páginas de «reseñas», y la inmensa mayoría de ellas son personas, lectores, que comparten con el resto del mundo en abierto tus puntos de vista, sus experiencias lectoras. Son lectores que opinan, charlan, intercambian pareceres,  se hacen sus trapis de colaboraciones con editoriales a cambio de libros, sortean cosicas, etc… Y claro… En la definición de la RAE, ¿dónde exactamente pone nada sobre opinar? Es decir, lo llamamos reseñas a todo, así, a lo gordo, pero, ¿lo son?

No, no somos reseñadores ni críticos, ni mucho menos prescriptores de ventas. Algunos al parecer son «influencers» o algo parecido, sea lo que sea eso… Los demás somos lectores. Solo lectores. Ni más, ni menos. Luego nuestros bloguitos no son reseñas, son opiniones. Solo eso, ni más ni menos.

Hay una corriente de desprecio sistemático hacia las opiniones —sobre todo a las ajenas si se da la fatalidad de que no coinciden con las propias—, reflejada en la famosa frase de que son como el culo, todo el mundo tiene una. Odiosa frase, como casi todas las frases hechas. Es cierto que hay opiniones más sólidas que otras, porque se hacen desde el conocimiento y ofrecen una argumentación coherente. Y hay otras más flojas, menos labradas. Pero cada una de ellas cuenta, porque es un punto en el mapa. Es una tesela, y así se hacen los mosaicos, piececita a piececita. Yo pondré la mía pues porque me apetece y punto. El hablar de libros no es, o al menos ya no es, si es que algún día lo fue, el privilegio acotado de unos pocos. Tenemos voz, amigos y amigas, por primera vez en este escenario hasta hace muy poco cerrado y rancio. Tenemos opinión. Y no, no es un culo. Somos lectores y lectoras, el último eslabón de la cadena. Respetc, bitches.

Porque hay un hecho indiscutible y es que a los lectores solo hay una cosa que nos gusta más que leer, y es hablar con otros lectores de lo que hemos leído. Yo imagino este espacio de opinión como una mesa de cafetería infinita, la extensión virtual de un club de lectura (pertenezco a dos), y entre los diversos temas que van surgiendo, se habla de libros. De qué te estás leyendo ahora. De si te has leído esto y te ha gustado. «No jodas, pero si es una puta mierda». «¿Una puta mierda? Lo que pasa es que tú no tienes ni puta idea». «Y tú menos. Si ni quiera sabías quién era Firzt Leiber hasta que te lo conté yo». «Muy listo te crees tú, pero lees al chino Liu y te haces lío con los nombres de los personajes, ¡no has pasado por los rusos del XIX, y eso se paga!» «Ja-ja-já, osea, ja. Qué graciosa la nena».

Bueno, pues esto es lo que hago yo: ¡hablar de libros ¡Sí! De los que me gustan y de los que me repelen. De los que amo y de los que nos parece una infamia haber sacrificado inocentes arbolitos para su impresión. Os voy a contar un secreto: los lectores también tenemos ego y nos gusta sacarlo a pasear: [Poned voz carapijoengolado]: Yo me he leído esto, esto otro y lo de la moto, y tú no. Soy más lector que tú. Y mejor. Yo no leo esas mierdas que lees tú. Soy tan ecléctico y sibarita… Además de un especialista. En chinos y rusos. Del XIX, después se hicieron comerciales. [Ya podéis leer normal] Ah, y en este pueblo tenemos devoción por Faulkner.

Así que, como esto sobre todo se trata de diversión, sucede que me he quitado de alguna que otra mierda que antes sí hacía:

  • No reseño por encargo. Esto es diversión, no  trabajo. En el trabajo hago cosas que no me apetecen, pero es que me pagan. Le tengo especial aversión a reseñar a autores/as que conozco en persona, con los que tengo trato regular o coincidimos con frecuencia en ferias o eventos.
  • No acepto ejemplares de cortesía. No soy una herramienta de marketing gratuita a disposición de autores ni editoriales. Especialmente después de las bonitas experiencias que he tenido con editores que te dan órdenes de para qué día y enlazando a dónde quieren la reseña. En el trabajo acato órdenes, pero… es que me pagan.
  • No solicito ejemplares. Las raras veces que pueda yo haber solicitado ejemplares de cortesía ha sido para sacárselos a la editorial y así evitar que salieran del bolsillo del autor/a que pretendía hacérmelos llegar.
  • A Dios pongo por testigo sobre la tierra roja de Tara que nunca volveré a leer ningún libro que venga promocionado como: Stephen King español, un clásico contemporáneo, una novela que engancha, con personajes inolvidables, que… ¡no te puedes perder! ¡No deja indiferente! ¡Está dando mucho que hablar! (o su equivalente, la novela de la que todo el mundo habla, aunque tú solo hayas oído hablar de ella a su autor). ¡El fenómeno que sacude la red! ¡Excelente escritor y mejor persona! BASTAAAAAA. NO.

Toda esta mierda se tiene que acabar. El nivel de exigencia tiene que aumentar, empezando por nosotros mismos, los lectores, ya que nuestra responsabilidad en este aspecto es máxima: somos el punto final de la cadena, el engranaje maestro que hace funcionar la máquina. Toda esta mierda de reseñas huecas y sesgadas tiene la culpa de que los lectores desconfíen instintivamente de las páginas de reseñas, que cada vez se lean menos, y que piensen que no sirven para nada. Cada vez más lectores se alejan de este espacio de opinión, reflexión y debate, que no, que no son reseñas, y que es por nada, pero… ¿cuándo hemos dejado que nos lo quiten? ¡Es nuestro! ¡Lo creamos nosotros, para nuestro solaz y esparcimiento! ¡Somos lectores! ¡Queremos hablar de libros! ¡Es nuestro territorio natural de encuentro y socialización! ¡¡¡Tomémoslo al asalto!!!

¡¡¡A las barricaaaaadaaaaas!!! ¡¡¡Por nuestro espacio de opinión lectora!!! ¡¡¡Hasta la victoriaaaaa!!!

Ay, que me emociono. Qué estaba yo contando, o queriendo contar. ¡Ah, sí!

Autores, editoriales: Que no me mendiguéis reseñas. El espacio de opinión de los lectores es de los lectores y punto pelota. Además, ¡jodida obsesión con las reseñas! ¿Para qué os creéis que sirven? ¿Para vender ejemplares? ¡JA! (Almas de pollo…) Como mucho sirven para posicionar el título y al autor en las búsquedas de Google, que moco de pavo no es: siempre es bueno que sea así, porque si no, alguien interesado en comprarlo puede encontrarse el link de descarga pirata posicionado en Google por encima del punto de venta oficial o el de la editorial. Más allá de eso, que repito que no es poco, no hay mucho más que rascar. No, en literatura no existe el prescriptor que convierte lo que recomienda en ventas directas. En otros sectores sí, pero en este no. Qué le vamos a hacer. Tenemos influencers, algo es algo.

Así que no, aquí no se reseña. Ni de coña. Pero sí, aquí se habla de libros. De muchos. Desde mi punto de vista personal, evidentemente. ¿Acaso podría, ni tendría sentido hacerlo desde otro?

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