Nos vemos allá arriba

Leído en noviembre de 2015 para el club de lectura del Banco del Tiempo de Valladolid, y posteriormente reseñado en Paraíso4. Recupero esta reseña, con algunos añadidos posteriores a propósito de la película pensando en un futuro no lejano regresar al universo de estos personajes con Los colores del incendio (Ediciones Salamandra, marzo 2019)

Título original: Au revoir là-haut.
Ediciones Salamandra, 2014. 448 páginas.
Traducción de Jose Antonio Soriano Marco.
Ganadora del Premio Gouncourt.

¡Oh!, nuevo bonito libro elegido por el club de lectura, histórico y bélico… ¡Qué bien! ¡Mis temáticas favoritas! [Nota para nuevos en la plaza: cuando se me va la mano con el sarcasmo ni me molesto en que se note ni deje de notarse, pero aspiro a que se me note.]

Sufrí las primeras páginas de este libro con la misma santa paciencia que contemplé el infinito (a mí me lo pareció) desembarco de Normandía con el que empieza Salvar al soldado Ryan, esperando que en algún momento pasase algo, lo que fuera —yo qué sé, un rebaño de ovejas— además de ffiiiuuuus, pam, pim, pum, zaaaas, boooom, arrggggg, «nooooo, mi piernaaaa, mi piernaaaaaa…» Más fiiiiussssss, pampampampampampampám, aaaarggggg, fiiiiiusssss, fiiiiussssss, pium, pium, pium.  Afortunadamente, tengo algo más de paciencia con la literatura que con el cine. Al soldado Ryan siempre he pensado que Hanks le tenía que haber insertado un elegante tiro en la sien al encontrarlo dos horas después de hacer el gilipollas por media Francia… O como mínimo, una colleja. Qué menos.

Cuando ya pensaba que esto iba un poco de lo mismo, de pegar muchos tiros para acá y para allá en reivindicación del heroísmo, el patriotismo y demás mierdas que no me trago ni empapuzada en Ribera crianza, es cuando empieza la interesante novela que se ha convertido en el descubrimiento sorprendente del 2015: cuando los combatientes vuelven a casa empieza la historia de verdad, y es una historia tremenda.

El autor se toma su tiempo en poner en escena a los protagonistas y desplegar sus motivaciones, pero cuando todo está puesto sobre la mesa el conflicto que ha montado es brutal. Entonces llegó ese momento mágico en el que no pude parar de leer hasta saber por dónde iba a reventar la bomba, la auténtica bomba de relojería, no una de estas de las de antes, de las de patabúm. Édouard y Albert son dos jóvenes soldados que sobreviven al fiiiiiusssss, pumpumpún-pamparapám- ratatatatá de los primeros acordes de la novela. 

Apenas se conocen de poco más que de vista, pero Édouard salva la vida de Albert, consecuencia de lo cual es gravemente herido y arrastrará graves secuelas físicas el resto de su vida. Albert, un muchacho de lo más pusilánime y apocado, se siente responsable y carga con la tarea de atenderlo en su convalecencia, hasta en su petición más delicada: no desea ser identificado. Édouard no quiere regresar a su hogar mutilado, así que Albert simula su muerte intercambiando su documentación por la de un soldado fallecido, y cuando la hermana de Édouard aparece en escena para recuperar el cadáver empieza la fiesta, ya que se encapricha del temperamental y bello capitán Padrelle, un aristócrata sin fortuna ni escrúpulos cuyo objetivo es  recuperar el esplendor de su apellido a cualquier precio. 

Ahí no termina el enredo, porque justo cuando parece que las cosas no pueden liarse más, nuestro «heroico» Pradelle protagoniza un escandaloso fraude con los contratos del Gobierno para repatriar los restos de los soldados caídos en batalla, que ha conseguido gracias a las influencias de la familia de Édouard; y el «audaz» Albert ayuda a su amigo no solo a sobrevivir y sobreponerse a las secuelas de la guerra, sino a orquestar una estafa de dimensiones monumentales (nunca mejor dicho) con la venta fraudulenta de monumentos a los soldados fallecidos.

Esta evolución de los personajes es una de las genialidades de la novela y por sí misma mantiene la tensión. A partir de ahí se despliegan subtramas y personajes secundarios, hasta el desenlace centrado en la figura del padre, inflexible con Édouard en su juventud y motivo principal de que el joven primero se alistase, y posteriormente renegase de sus orígenes. El padre también vive su propia transformación interna impulsada por la melancolía y el remordimiento.  Por supuesto que no voy a tener la mala baba de contar el final, pero sí diré que me pareció un final muy satisfactorio. No solo es un final contundente, además cuenta con una gran carga emocional y simbólica.

Además de una buena historia bien armada con toda la complejidad de la trama (que la tiene), y los estupendos personajes, es que está bien contada. No solo el qué, también el cómo está muy cuidado.  Si bien el narrador tiene algún momento más metete que omnisciente, en general, conduce une tercera persona de estilo muy clasicote que hace la lectura muy agradable para los lectores de esas novelas viejunas del siglo XIX y XX que no es sencillo encontrar en la literatura contemporánea. Y no, mis temores han sido infundados y entre los varios temas de fondo que trata la novela, no está la exaltación del patriotismo ni del heroísmo de la guerra, más bien lo contrario: se muestra la realidad terrible del regreso a la vida civil de los supervivientes, el rechazo incómodo que generan en los ciudadanos (sobre todo los mutilados). En un momento de la novela Lemaitre dice que «Francia necesita héroes, pero los quiere muertos». No hay que temer tampoco por el extremo opuesto, el alegato pacifista: no es el caso. Los personajes se limitan a ir a lo suyo azuzados por sus motivaciones y objetivos, ganan y pierden, luchan, triunfan y fracasan. No hay moraleja, ni mucho menos moralinas.

De la posterior adaptación cinematográfica del 2017 destaco la fidelidad con la que creo que quedan reflejados las complejas personalidades de los protagonistas. Temía que el carisma de Edouard, uno de los personajes más brillantes con los que me he topado en mucho tiempo, capaz de transmitir y emocionar como muy pocos —y sin decir ni pío— quedara desvirtuada. De nuevo, temor infundado. Buen trabajo del actor argentino Nahuel Pérez Biscayart debajo de las preciosas máscaras a través de las cuales se comunica con el mundo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s