1984, George Orwell

Publicado, como se puede comprobar en el cuerpo del texto, en 2017 en El Vals de la Araña.

1984, George Orwell.

Primera edición: Seeker, Londres, 1949.

Primera edición en castellano: Vértice, Barcelona, 1950.

Mi edición favorita: 1984, George Orwell. Lumen, 2014. Edición cuarenta aniversario, en tapa dura con sobrecubierta. Prólogo de Umberto Eco, escrito originalmente para la edición aniversario publicada en Italia en 1984. Epílogo de Thomas Pynchon.

Tengo la absurda teoría que antologando prólogos y epílogos se puede componer la mayor obra teórica jamás escrita sobre la ciencia ficción.

Siempre es un buen momento para releer a Orwell. Me temo que la grandeza de esta obra radica en que, desde el año de su publicación, 1949, —no, no me he equivocado. Orwell lo escribió en 1948, sí; pero se publicó un año más tarde— hasta nuestros días jamás ha dejado de estar vigente su mensaje. Y es triste asumir la cantidad de décadas o incluso siglos que puede seguir siéndolo, tal como pintan los tiempos que corren. Al leer 1984 tengo la sensación romántica de lectura conjunta con lectores de todos los tiempos y lugares, incluso futuros, compartiendo el sentimiento de identificación con el Londres distópico que Orwell recrea para 1984. Y es una sensación agridulce, muy desesperanzadora. Casi tanto como el propio libro. Así que más que una reseña voy a lanzar un mensaje en la botella al futuro, a aquellos que a saber cuándo y dónde (tal vez dentro de siglos y fuera de nuestro planeta) se encuentren identificados con la distopía orwelliana. Horrorizados por su vigencia, y maravillados al comprobar que en España en 2017 también la tenía.

1984 nos nuestra, a través de su protagonista, un mundo futuro dividido en tres potencias mundiales, Eurasia, Esteasia y Oceanía, en permanente guerra unas contra otras. Uno de los lemas del «Socing» (socialismo británico) es «La guerra es la paz». Un estado continuo de guerra garantiza la carestía de consumibles, el miedo y la sumisión. Y esto proporciona una paz social muy eficaz, con la población priorizando no morir bombardeada o de conseguir artículos de primera necesidad, en vez de preocuparse de minucias como por ejemplo si las amenazas que tanto les atemorizan son reales, así como las gloriosas victorias que el Partido se apunta.

¿Las amenazas son reales? Pues claro. Para eso tenemos un Ministerio de la Verdad y creamos la nuevalengua. Aquí es verdad lo que diga el Partido. A tal efecto la historia se reescribe a diario para que así quede reflejado en cualquier tipo de documento. Winston, el protagonista, es una especie de funcionario, miembro del Partido Exterior, cuyo trabajo consiste en esto: modificar y rectificar, de acuerdo con el concepto en nuevalengua de doblepiensa. Doblepiensa es la capacidad en tiempo real de creer a pies juntillas lo que hasta hace dos segundos habías creído falso, o incluso de creer dos datos contradictorios a la vez, en previsión de cuál pueda ser el verdadero según el Ministerio. Como, por ejemplo, con quién estás en guerra. Si lo estás. Que lo estás si el partido dice que lo estás. Aunque podrías no estarlo si el Partido dijera que no, y acabarías diciendo que sí a todo. Entrenando un poco, acaba saliéndote. Y si no, te inculcan el concepto a hostias. Faltaría más. Y si no te entra en la mollera ni a hostias, desaparecerás. Del mundo, físicamente, y de la memoria. Todos los registros de tu existencia se borrarán, la historia se reescribirá y nunca habrás existido. Doblepiensa y reescritura de la historia: vigencia absoluta. Revisar desmanes varios de nuestra clase política y la absoluta desvergüenza con la que ni se despeinan al cambiar de chaqueta y corbata.

Policía del pensamiento. Infiltrados que vigilan tu entusiasmo a la hora de mostrarte en las manifestaciones públicas de apoyo fervoroso a la causa. Hay que figurar, hay que gritar más que nadie en los dos minutos de odio. Hay que asistir a los desfiles, y mostrar actitud, cojones. Tú ahí el primero y el que más, que no se diga. Vigencia: ¿tenéis cuenta en alguna red social? Entonces podéis ser de uno de estos dos tipos de personas: de los que van a un concierto a pegar botes, desgañitarse a cantar y bailar, o de los que van a hacer cincuenta fotos para que todo el mundo sepa que estabas ahí. Sacando fotos. Eso.

El Ministerio del Amor. Si se os da bien la nuevalengua y su doblepiensa creo que no hace falta decir que aquí es donde a la gente se la tortura por los crimentales. Y cualquier atisbo de individualidad, deseo o amor es crimental. No hace falta hacer nada, solo pensarlo. O decirlo en voz alta en la viejalengua. En la nueva no se puede expresar nada crimental, para eso está diseñada. Está diseñada para que todo lo que puedas expresar sea afín a lo que debes expresar. Sin palabras que te permitan expresar lo que piensas y sientes no podrás hacerlo. Y si lo haces, sonará extrañamente contario a lo que piensas. Si la guerra es buena y redefinimos paz como noguerra si deseas la noguerra la policía del pensamiento vendrá a por ti. Se lo dirán tus hijos, tu compañero de trabajo, la persona a la que más confías o te venderá incluso aquella a que más ames, porque…

Sobre la nuevalengua, debo añadir que me recuerda mucho a giros actuales como «esto no, lo siguiente» o «concepto/cosa/verbo ES (en vez de estar) bien». No digo más. Ahí queda eso.

El sexo es admisible con fines reproductivos y los niños son alentados desde pequeños a considerar logros triunfales denunciar crimentales, prestando especial atención a su entorno más próximo: medalla por tus padres, chaval. Deshumanización y desprecio absoluto por los vínculos afectivos, desde los de proximidad hasta los más íntimos. Empatía cero. O conmigo (con el partido) o contra mí. Supongo que también os suena de algo.

Telepantalla: ¿El Gran Hermano te vigila? El Gran Hermano se descojona de ti hoy en día, se ha ahorrado todo el presupuesto de las telepantallas. Le damos la info que necesita nosotros solitos. Si tenéis cuenta en alguna red social y dormís tranquilos porque habéis configurado con mucho cuidadito las opciones de privacidad, tengo una mala noticia para vosotros. No habéis leído los Términos y Condiciones (TYC) al abrir la cuenta. Distéis aceptar y no os los leísteis. Con lo cual debo comunicaros, es mi triste deber, que vuestra privacidad yace en una cuneta, desnuda y despatarrada, violada por saqueadores de datos. Si alguna vez habéis hecho la compra online, hay alguien ahí a fuera que sabe con qué marca de papel higiénico os limpiáis el culo. Pero no sufráis. La buena noticia es que su privacidad se la trae tan floja después de haberla violado y dejado tirada en una cuneta que solo van a usar el dato para mandar publicidad de papel de culo molón. No como el que compras ahora, pringado… ¡pero si los hay mucho más suaves y con aroma de talco y aloe vera! ¡Tu culo se merece lo mejor!

Un apunte técnico para terminar: En la diversa bibliografía que suelo consultar antes de escribir sobre una obra de la que ya se ha escrito de todo —para evitar en la medida de lo posible soltar una pavada sonrojante y poder contestar: «Eh, que esto no lo digo yo, lo dice Miquel Barceló. ¡Discute con él si quieres!»— hay una cierta discrepancia sobre si considerar 1984 una obra de ciencia ficción propiamente dicha, o más bien una obra mainstream revindicada a posteriori como tal por la enorme influencia que ha ejercido en el desarrollo del género. Parece que sí hay un acuerdo general en que es deudora de la literatura de H.G.Wells y puede englobarse en una minicorriente de autores británicos «postwellianos» entre los que encontramos a Olaf Stapledon, Aldous Huxley y C. S. Lewis entre los más sobresalientes. Sin embargo, recordemos que la etiqueta «cifi» propiamente dicha se acuñará unos años más tarde con el auge del género en Estados Unidos y la intensa actividad de editores como Hugo Gernsback (el Hugo de los premios Hugo, ese Hugo). Hasta entonces de Wells se decía que escribía «romance científico», por decir algo, supongo. Porque decir eso de Wells sí que es una pavada, redios. (Esto no lo dice el Barceló, lo digo yo.)

Esta es, creo, la segunda gran virtud de 1984. Esta indefinición sobre si es cifi o no, sí pero, no pero es que… se traduce en se lo puedes dar a leer a cualquiera que esgrima el prejuicio bobo, —que existe, me consta que existe— de que la ciencia ficción va de marcianitos y cohetes y es para chavalería. Se lo puedes dejar más deconstruido que una tortilla de patata de El Bulli. Lee 1984 y dime después si va de marcianitos y es para chavales, si no te ha explotado antes la cabeza.

Y recuerda: comparte esta reseña. La Gran Araña te vigila.

2 pensamientos en “1984, George Orwell

  1. Pingback: Conocer la ciencia ficción, una bibliografía básica | Activos Tóxicos

  2. De 1984 hay demasiadas cosas vigentes hoy día. No recuerdo si era el protagonista el que recriminaba a la chica, o al revés, que sólo era “rebelde de cintura para abajo”, porque lo único que le importaba realmente de la resistencia era poder ejercer su libertad sexual.

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