Sí es ciencia ficción

La primera vez que escuché definir la ciencia ficción como «ah, las historias de marcianitos para chavales» apreté los puños por debajo de la mesa hasta clavarme las uñas, mientras respiraba metódicamente, contado «uno-aspira, dos-expira». Porque pertenezco a una asociación entre cuyos objetivos está la dignificación de los géneros fantásticos, la divulgación como arma que derribe los tópicos y erradique las ideas erróneas acerca de la literatura que nos apasiona. Para más datos: esa asociación es la ACLFCFT. No, no tiene vocales y no se puede pronunciar. ¿Y qué?

Ph’nglui mglw’nafh Cthulhu R’lyeh wgah’nagl fhtagn, bitches.

Reconozco que matar gente contribuye a aquello de erradicar la ignorancia: un ignorante menos es un ignorante menos; matemática pura, lo mires por donde lo mires. Y optimiza recursos, requiere menos inversión que divulgar… Pero es que queda muy feo matar a alguien en directo en la terraza de un bar donde se reúne un club de lectura. No me quedó más remedio que defender con todo mi esmero, para que fuera elegida como próxima lectura, una batería de títulos INDISCUTIBLEMENTE CI-FI (odio esto de usar las mayúsculas para enfatizar, lo odio, de verdad… pero es por una buena causa) como Farenheit 451, 1984 o Un mundo feliz, títulos todos ellos muy convencionales, lo admito, pensando en apuesta ganadora segura para un público cuyo contacto previo con la ciencia ficción le ha llevado a pensar en ella en términos de «historias de marcianitos para chavales».

Sí, tengo todavía la puta espina clavada en el costado. No descarto volver a citar las «historias de marcianitos para chavales» antes de acabar el artículo. Un trauma como cualquier otro.

El club eligió Farenheit y yo me las prometía muy felices, ¡caballito ganador! Ahora tendría que darme todo el mundo la razón y reconocer que la ciencia ficción es algo más que marcianadas y además, tendrán que reconocer que mola. Misión cumplida, Gusapira Infecta.

Pero algo salió mal. Algo que no estaba en mis planes: «Ah, bueno, pero es que esto NO ES CIENCIA FICCIÓN». [Aquí es donde el avispado lector se da cuenta de que el anterior uso impropio de las mayúsculas rezaba algo así como «INDISCUTIBLEMENTE CI-FI»] En ese momento se me nubló la vista y al borde del desmayo por la fuerte impresión de mi ánimo, cual vulgar heroína decimonónica, alcancé a murmurar bramar como el karken recién liberado: «¿y qué coño sabrás tú qué es ciencia ficción, gilipollas, si has leído este mes un libro de ciencia ficción por primera vez en toda tu puta vida?». Bueno, a lo mejor estoy exagerando un poco… en realidad expliqué muy brevemente los orígenes de la ciencia ficción como género literario, que si la revolución industrial, los avances tecnológicos, la especulación y la anticipación, la «hard» y la «soft». Etc. Mucho etc. Léase, más que véase, el bonito hilo bibliográfico que me estoy currando sobre los géneros fantásticos.

El porqué casi siempre las personas que no tienen ni puta idea de algo creen que la tienen es un síndrome conocido y bien descrito, con el horroroso nombre de Dunning- Kruger. No afecta exclusivamente a la ciencia ficción ―ojalá, se nos quedaría un mundo muy bonito―. En cualquier disciplina hay duninkrugeritos sentando cátedra e incluso discutiendo con expertos en la materia con argumentos de cuñado que dan mucha vergüencita ajena. Los géneros fantásticos no iban a ser la excepción. Pero es que a este lastre le tenemos que sumar otro par de estigmas (más espinas para el costado, más).

La negación. Yo puedo entender que un ama de casa de Tudela de Duero, noble provincia de Valladolid, lectora habitual de novela contemporánea mainstream, no tenga ni la más zorra idea de qué es la ciencia ficción ni quiera tenerla porque a ver por qué iba a tener que tenerla ni para qué. O que tenga ideas preconcebidas algo raras. Está bien, no hay problema. Habría quien diría «pues ella se lo pierde», pero qué va. La ciencia ficción no la necesita a ella, ni ella a la ciencia ficción. Podemos ser todos muy felices en la vida ciñéndonos a lo que nos gusta y no nos estamos perdiendo nada. Estamos en un escenario de sobreoferta desaforada. Si tengo la nevera llena de comida que me gusta, ¿qué me pierdo si no tengo en la nevera algo que ni si quiera sé qué es? De hambre no me voy a morir, desde luego.

Pero cuando esto mismo te lo encuentras en un editor, una persona que entiendes que tiene, o que debería tener, un mínimo conocimiento sobre literatura… pues ahí yo ya me asusto. Porque un editor no debería tener una cierta cultura general, para empezar, seguido de una amplia cultura literaria. Esto incluye los géneros fantásticos, a no ser, claro, que… que no se los considere literatura de «verdad». Ooooooops. Con la clásica fractura élite intelectual vs cultura popular hemos topado.

Saluditos a novela romántica. No soy fan, ni siquiera partidaria ―más bien detractora, todo hay que decirlo― de la NR, pero siento un cierto hermanamiento con ella al hablar de esta fractura. Charlando hace poco con Silvia Barbeito le decía que solo hay algo peor que escuchar «¿y por qué no escribes literatura de verdad?» cuando dices que haces NR; y ese algo es escuchar «¿Y por qué no escribes ALGO (algo, no literatura, hemos bajado de rango) NORMAL (sin comentarios)?»

A mis anormales brazos, Barbeito.

Conste que la mayoría de las personas que conozco, al menos las que ya somos talluditas, todo esto casi nos hace más gracia que daño. Ahora ser friki podría decirse que incluso mola, y si en algún momento lo hemos pasado mal ha sido hace ya mucho. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de remarcar lo MISERABLES que sois todos los que os creéis tan ocurrentes al hacer estos comentarios, y tantos otros, tan aparentemente inocentes pero tan dañinos. Os podíais meter la lengua por el culo, de verdad, o podía cagaros una cigüeña encima. Anormal tu prima.

Volvamos al sangrante caso del editor que no edita ciencia ficción, que resulta que le gusta como lector pero es que su editorial tiene una línea muy definida y apuesta por la narrativa literaria. A mí el maravilloso concepto de narrativa literaria, confieso que me embelesó. Guau. Narrativa literaria, tronca, que no te enteras. Narrativa. Literaria. La ocasión la pintaban calva para una de mis estupendas preguntas inocentes, pero me abstuve. Yo estaba allí invitada en representación del asociacionismo y no me pareció apropiado desviar el tema de la mesa, por deferencia al resto de participantes y a la anfitriona.

Pero sabed que este editor tiene en su catálogo una maravillosa novela ―me debato muy dolorosamente entre dar nombres o no, datos o no; lo cierto es que me gustaría hablar de la novela (y bien, por cierto) pero…― que mucho me tengo yo que equivocar si digo que es una distopía… ah, mira, no, no me equivoco, lo pone en la sinopsis: distopía. Uy, uy, uy. Que sí que publicas ciencia ficción. Que no, que publico narrativa literaria. Ciencia ficción. NO. Ciencia ficción, ¡he dicho! ¡La ciencia ficción a la distopía es Darth Vader a Luke Skywalker gritándole: «Yo soy tu padre»! NOOOOOOOOOOOO.

Por cierto: Star Wars mola pero no es Ciencia Ficción. Posiblemente en algún artículo tendré que explicarlo aparte, aunque no deja de ser una manifestación colateral del terrible concepto de «cosas de marcianitos» asociado a la ciencia ficción.

Y bueno, esto en bucle. No es aislado el caso de este editor. Poco después de esta mesa redonda asistí atónita a la presentación de un libro en el cual un niño del siglo XV viaja en el tiempo a la actualidad para recorrer nuestro mundo maravillándose de los avances que contempla. Y en toda la presentación, en toda ella, a lo largo y ancho de más de una hora de presentación, ni autor, ni editor, ni carabina invitada (algún día hablaremos del maravilloso caso del tercer speaker en la presentación de un libro) pronunció en ningún momento las palabras ciencia ficción. Y sin hacer requiebro alguno para eludir el término, ¿eh? Cuando acabada la charla me presenté como presidenta de la ACLFCFT el editor me dijo que encantado, dos besos, pero que él no publicaba fantástico.

Y El cuento de la criada no es ciencia ficción, igual que no lo es Farenheit 451… ―¿porque es bueno, o porque no hay marcianitos?― y Kentukis de Samanta Schweblin, según la coordinadora de mi club de lectura, es literatura experimental. Pero… pero… ¿qué literatura experimental ni qué niño muerto?

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¡Schweblin será narrativa literaria, o no será!

Pero vamos a ver, de verdad, que esto ya desespera un poco… ¿qué os pasa en la boquita? ¿En serio no podéis decir ciencia ficción? ¿Se os atraganta? La ciencia ficción es lo más maravilloso que le puede pasar a una mente despierta e inquieta. Es el caldero donde burbujean hoy las ideas de lo que será de nuestro mundo mañana. [Toma ya: mi definición de ciencia ficción, trade mark, todos los derechos reservados]

¿Cuál es el problema para que cuando os ponen delante de los ojos ciencia ficción, buena ciencia ficción, haya que inventarse lo que sea, pero de verdad, lo que sea, para no llamarlo por su puto nombre, que no es otro más que ciencia ficción?

  • No tengo ni puta idea de qué es la ciencia ficción. ―>No pasa nada. Tiene solución. A leer se ha dicho:
    • Toma bibliografía. Y cuando acabes con ella, vuelve a por más porque habré actualizado la entrada y tendrás otro medio quintal de referencias.
    • Un resumen mío de andar por casa, que ya sé que toda esta bibliografía no se lo va a leer ni el tato. No tengo nada en contra, ni a favor. Solo ruego al dunirkrugerito de turno que no ha leído nada de lo anterior que no me venga a explicar a mí la ciencia ficción. Igual me enfado un poco.
  • Tengo puta idea pero la estupidez de mi elitismo intelectual impide que me tizne con literatura menor. ―> Disculpa, tienes la bragueta bajada. Se te ven las vergüenzas, pero no te preocupes: hay poco que ver ahí.
  • No tengo ningún problema, soy un lector sano y feliz de ciencia ficción, pero como sé que el prejuicio es tan grande y estoy tan cansado de… ―> …

GRITA CONMIGO, UNO, DOS, TRES… GRITA, HIJO DE PUTA, GRITAAAAAAAAA

ES CIENCIA FICCIÓN Y ME ENCANTAAAAAAAAAA

2 pensamientos en “Sí es ciencia ficción

  1. Pingback: Breve aproximación a la Ciencia Ficción | Activos Tóxicos

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