Quiénes somos

Sí, quiénes somos.

Porque somos dos por el precio de una: Yolanda López Aguinaga, sobria criatura ahí donde las haya, al menos en horas de servicio; Gusapira en su tiempo libre. O viceversa, porque van en pack, como los yogures.  López Aguinaga, Ribera de Duero, cosecha del 75, no mejora con los años; Gusapira, alter ego virtual surgido de los prototiempos de internet en los que a nadie en su sano juicio se le ocurría darse de alta en ninguna parte con su nombre real, sobrevive hasta hoy como bloguera de fortuna.

Yolanda López Aguinaga estudió ingeniería industrial en la Universidad de Valladolid, aunque ejerció esta profesión poco, mal y a destiempo. Después de unos años dedicada a la docencia privada, se incorporó a la empresa familiar dedicada a la venta y distribución de productos fitosanitarios y enológicos como técnico de ventas.

De ahí mi interés por todo lo relativo a comunicación, marketing y ventas, disciplinas en las que me considero en formación continua leyendo todo lo que encuentro sobre el tema y asistiendo a jornadas, seminarios y congresos.

López Aguinaga es una persona muy seria, metódica, cuadriculada, controladora, responsable y aburrida que odia la hiperadjetivación. Aficionada desde muy pequeña a la lectura de géneros fantásticos, terror sobre todo (llama a Stephen King «tito»); y a la escritura a ratos.

¡Anda, igual que Gusapira Infecta! Aficionada irredenta al terror (también le llama «tito» a King). Y a la escritura a ratos. Lo demás, no gracias. Ni regalado. O solo cambio de mucha cerveza. En lo tocante a cerveza, y sin despreciar la calidad, la cantidad, definitivamente, importa. Mucho.

A finales del 2007, Gusapira se topa en Internet con un grupo de gente cachonda que le llama «Literatura» a esto de leer un porrón y escribir a ratos. Le llama la atención por lo grandilocuente del término y las risas que le entran solo de pensar llamarle «Literatura» a sus gansadas y piradas de pinza.

No sé si ya se va notando que Gusapira es mi lado troll de los Alpes suizos iolereijijú. Pero no me miréis con esa cara. El ser humano es gusapiro por naturaleza. Vosotros también. Sí, tú, tú, tú y tú. Hacéis algunas (o todas) de esas gusapireces rastreras propias de la condición humana. Solo que algunos lo reconocemos, y otros no. No es que sea un motivo de orgullo ni bandera de nada, ¿eh? Solo es un dato.

Hablando de banderas, voy a sacarlas todas de golpe. Me parece saludable que a todos se nos vea el plumero. Disimular nunca se me ha dado del todo bien, y además, para qué… Soy atea, de izquierdas, defensora de los derechos de los animalillos (incluso de los humanos, aunque más de uno no se lo merece), feminazi de las peores, de las cansinas que se pasan todo el puto día viendo machismo donde no lo hay y revindicando paridad, como si no pudiéramos ya votar, o algo… odio el putofurgol y el reaggeton no es música.

También soy una ofendidita milenial que pretendo imponer la dictadura de lo políticamente correcto a través de los temibles mecanismos represivos de los que dispongo para ejercer la censura y coartar la libertad de expresión de los artistas que son… vaya, no tengo más que una piojosa cuenta de Facebook y otra en Twitter que no sé usar… Pero temedme, que puedo dejar comentarios sarcásticos y repartir zascas.  Temblad ante la temible amenaza, muaaaahhaaaaa.

Soy lo bastante tolerante, o mejor dicho, lo suficientemente pasota como para que me importe tres pepinos lo que cada cual quiera creer, dónde quiera militar o qué clase de ruido —insisto, no es música— quiera escuchar. Pero si alguien viene con la malsana intención de tocarme lo que no suena es probable que la cosa no acabe demasiado bien. No soy persona de mecha corta, pero todos los líquidos tienen una temperatura de ebullición. Mi sangre también.

Gusapira ha publicado desde 2007 hasta el día de hoy artículos, relatos, microrrelatos y reseñas en tres blogs de gestión colectiva, a saber: Lamedores, Paraíso4 y El Vals de la Araña, hoy dispersos o extintos.

Considero irremediablemente echada a perder mi fe en los proyectos colectivos, a la tercera ha ido la vencida. Iré resubiendo en este sitio mío y solo mío (mi tesssorooo) aquellos textos que considero recuperables a modo de archivo documental para no dar por perdidos todos estos años haciendo el gilipollas de tecleo. La parte positiva por la que todo y más ha merecido la pena es la amistad de personas tan estupendas como Ferran Canetenc, el escritor Francisco Miguel Espinosa o la correctora Ángeles Pavía, por citar uno de cada proyecto y sin pretender desmerecer al resto, que ya me vais a disculpar, pero es que la lista es muy larga.

Gusapira también ha colado arteramente alguno de estos textos en varias antologías y coordinado otras tantas: Eclipse, 666, Dementia y Santa Muerte para Paraíso4 y Kalpa III y Kalpa IV para la Asociación de Castilla y León de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, a la que se unió en 2016.

Si me admitís un consejo estúpido, jamás aceptéis coordinar una antología. Si aún no habéis coordinado una estáis a tiempo: sabed que esta mierda engancha y después será muy tarde, y un día no sabes cómo ha ocurrido que escribes a un editor no sé qué sobre publicar relatos protagonizados por conejos blancos gigantes asesinos y folladores. Me estoy quitando, lo juro. O intentándolo.

Cómo resulta que a día de hoy Yolanda López Aguinaga es la presidenta de la Asociación de Castilla y León de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, es una de esas cosas que no es que no sepa cómo ha ocurrido, que sí lo sabe; pero es una historia demasiado larga de contar.

Tal vez algún día la cuente porque es una buena historia, y además es de terror.

En fin, pasen y lean. La vida es corta y cambia.