Arriba y abajo

Activos Tóxicos albergará muchos, muchos relatos que en su día estuvieron publicados aquí o allá. Este no es el caso.  Este es nuevo, inédito, recién rechazado de certámen, además. Y aquí se queda porque tengo grandes planes (muy grandes) para esa grieta que se mueve.

A las doce apagaron las luces del pabellón. Amaya no creía ser capaz de dormir. Se sentía ridícula en esa colchoneta de gimnasia envuelta en una manta gris demasiado fina para dar calor. Ni siquiera le tapaba los pies y los tenía helados. Las botas de montaña aquellas le quedaban muy grandes. Y eran horribles. Igual que el chándal chillón acrílico. Además, era muy grande y la goma de la cintura del pantalón estaba demasiado dada de sí como para sujetarse solo. La mujer que repartía la ropa le había mirado con auténtico desprecio al preguntarle si no tenía alguna talla más pequeña. Sigue leyendo