Mi pequeño trozo de terruño en el mundo

Nací en Aranda de Duero (Burgos) hace ya una cantidad de años, para mi gusto, algo escandalosa. Si me llegan a pedir hace veinte años que apostara por mi esperanza de vida, me hubiera encendido otro cigarro. Y así sigo, más o menos, ahora que ya no fumo. Cada día me parece un pequeño milagro, un regalo. Aunque, todo hay que decirlo, a veces venga envenenado.

No es ningún secreto que soy muy fan de este pequeño trozo de sitio de mundo que me pertenece. Porque yo creo que las personas no somos «de» los sitios, si no que los sitios son de las personas. Yo no soy «de» Burgos: Burgos es mía, la parte que me toca. Toca mi memoria sentimental, la más traidora y selectiva del mundo. La más sesgada y engañosa. Esa memoria a la que no le veo ningún sentido renunciar o renegar, porque es mía. Sigue leyendo