Mary Shelley, una biografía muy apócrifa

Artículo publicado originalmente en 2018 para El Vals de la Araña

Resulta que eres un filósofo político respetable. Más o menos. Bueno, de vez en cuando te pones un poco libertario y criticoncete con las instituciones. De hecho, sueltas un día que el matrimonio es un monopolio represivo. Pero con la boca pequeña, porque cuando se te cruza un día, de buenas a primeras, una feminista que viene de París de feministear con una nena debajo del brazo fruto de sus amoríos con un americano, te casas con ella. Eres un romántico, qué cojones. Y lo del matrimonio y eso, no iba en serio. Era broma, hombre. Y tienes otra hija. Pero va tu mujer y se le ocurre morirse. Dos bebés. Dos bebés hembras. Tienes miedo, y no puede decirse que sea infundado… Houston, Houston. ¡Tenemos un problema! ¡Sálvese quien pueda! Piensa, piensa… ¡haz algo, antes de que crezcan y sea demasiado tarde! ¡Vamos, filósofo, que es para hoy!

¡Ya lo tengo! ¡Voy a casarme otra vez! Con una mujer repelente y antipática que tenga otros dos hijos, que así me dan el carnet de familia numerosa. Los rodearé  a todos de pensadores libertarios admiradores de mi obra (de la escrita, vaya…), políticos revolucionarios y poetas románticos. ¿Qué puede salir mal? ¿Eh?

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